sábado, agosto 23, 2008

Tom, Jerry y el amigo de Jerry

Cuando me enteré de la noticia ya había pasado casi todo. Mi nulo conocimiento del checo hacía que mi imaginación volara sobre los santos de los periódicos en los que aparecían docenas de carros destruidos en las carreteras georgianas y los civiles huyendo de Tsjinvali y Gori. Pudimos enterarnos, gracias en parte, a un amable camarero que, medio inglés, medio checo, y tres cuartas partes de tejón, nos hizo saber que Georgia había invadido Osetia del Sur y que el primo de Zumosol de Osetia había venido para ayudar al pequeñajo.
Ya en tierra firme, me dediqué a husmear en las hemerotecas on-line buscando la noticia, las famosas seis w de los periodistas. Si me enterado bien, Georgia, una súper-potencia militar comparada con Osetia, armada hasta el culo por nuestros primos Yanquis, invade Osetia, arrasa a la milicia suroseta y a los 300 rusos desplegados en la frontera y masacra la pequeña capital de Tsjinvali. Cuando Tom está a punto de comerse a Jerry, aparece el bulldog gris amigo de Jerry y, cosas de la mala suerte, aniquila las posiciones georgianas les echa de Osetia y les manda a casa con el culo rojo por las ostias recibidas, amén de la humillación en forma de rusos en la mitad de los pueblos del norte de Georgia.
Los occidentales, en nuestra infinita hipocresía, apoyamos a Georgia por defender su integridad territorial. Si nos quitaríamos la máscara, podríamos ver que los georgianos son los únicos responsables de lo sucedido. No hay problema cuando la acción brutal de Georgia arrasa una ciudad entera provocando cientos de muertos y miles de desplazados, sin embargo, no hace tanta gracia cuando los amigos de Osetia le hacen lo mismo a nuestro amigo. Ahí, sí, se han pasado tres pueblos. Proclamamos al viento que Georgia es una nación soberana miembro de Naciones Unidas cuyo territorio es indivisible tan sólo unos meses después de reconocer que otra nación soberana, pero no amiga nuestra, se podía dividir a voluntad, sin argumento legal alguno. Argumento si teníamos, desde luego, el de las mismas armas que ahora no nos gusta que usen los demás.
La jugada, lamentablemente, le ha salido mal a los que pensaban que los rusos se quedarían mirando. Y Rusia, ya no es la del 95. Ha dejado de ser un León viejo e inválido. Las mentes pensantes “georgianas”, y puesto entre comillas porque nadie se cree que al señor Saakashvili se le haya ocurrido semejante chapuza solito, lo único que han conseguido es tensar una cuerda que mejor estaba en el suelo. Los tiempos del imperio global estadounidense se han acabado. Ya no es el Señor de los Anillos. Se había mal acostumbrado a hacer y deshacer sin que nadie le dijese nada y ahora toca rabiar.

jueves, julio 31, 2008

La Quinta Columna

¿Qué hacer cuando el enemigo está a tu espalda? Buena pregunta, y no me refiero a Alesia, con galos a ambos lados del ejército de César sino a una Quinta Columna, a un traidor. Imagino como debieron sentirse Sertorio o Viriato, o la mitad de los emperadores de Roma. El lunes nos tocó a los obreros que formamos mi empresa sentir el puñal hundirse en nuestras espaldas. Y la traición llegó no de Judas o Lucifer, sino del propio Presidente del Comité de Empresa. Por apenas treinta monedas y unos pocos afiliados en la siguiente remesa de trabajadores, el Señor, le llamaremos X, nos vendió ante un juez al declarar, citado por la Dirección, que la empresa tiene derecho a hacer lo le venga en gana con sus trabajadores. No contento, su lengua de serpiente escupió todo un discurso escrito por la dirección en algún pozo de Mordor en el que se tildaba a los obreros de vagos que no tenían ningún compromiso con la empresa. Por compromiso entiendo un código de barras tatuado en nuestro antebrazo, o, quizás, una frase del tipo Arbeit Match Frei.
Cuando el cuchillo llega tan dentro... ¿qué nos queda? Nada. Sentirnos violados en lo más íntimo, en aquello que creíamos firme como un roca: nuestro sentido de clase. La lealtad de quienes caminan en el mismo barro y pelean en la misma trinchera. Hoy estamos ametrallados por los comisarios de Stalin, condenados a un Via Crucis, a que Pedro nos niegue tres veces.
No me queda más que lo que ya se ha hecho. Decir en voz alta, y delante de todos que su madre era una puta por haber parido a semejante miserable, y escupir con desprecio cuando se atreve a mirarnos. Pequeño consuelo... ya llegará San Martín.

jueves, junio 12, 2008

65 horas

Creo fervientemente en la teoría que dice que una vez que te han dado un puesto de mando, te vuelves gilipollas. En base a esto, puedo suponer sin equivocarme demasiado que: cuanto más poder, más gilipollas. Y no digamos, entonces, si el trabajo de uno es vaguear en un retiro dorado como el parlamento europeo y cualquiera de los subproductos burocráticos con cargo a todos los ciudadanos. A algún genio se le ha ocurrido que aumentar los límites de la jornada laboral, ya extenuante, de 48 horas, hasta la imposible cifra de 65 horas. Claro, siempre que el trabajador, en igualdad de condiciones con un patrón que le puede quitar el sustento de un plumazo, esté de acuerdo en firmar una especie de “te serviré a ti, mi amo, y sólo a ti, por siempre”. Uno hace un sencillo cálculo, y vienen a salir unas nueve horas diarias siete días a la semana. Bueno, teniendo en cuenta el descanso obligatorio… unas diez horitas diarias de lunes a sábado.
Que un presidente, más típico de república bananera que potencia europea y mundial, que odia a los inmigrantes cuando su apellido suena poco francés, haga una proclamación de este tipo y se quede tan contento es hasta casi normal, dentro de la estupidez, se entiende. Que Gordon Brown, Premier británico, al que nadie ha votado, y al que nadie votará, apoye la iniciativa, es sospechoso, siendo como él dice laborista. Creo que su tercera vía se está escorando hacia la derecha. Nunca he confiado en gobiernos que hacen lo que lo que 100% de su población no desea. Ansar (seguramente será beatificado tras su muerte) e Irak es un ejemplo. Es muy triste. Como vas mirar a la cara a tu pueblo cuando le obligas a medidas retrogradas, que van en contra de casi todas, y sólo benefician a los cuatro de siempre (que en buen árbol les colgaba).
Somos el pueblo soberano, el generador de riqueza, el que alienta con sus impuestos la maquinaria del estado; los que mueren en las minas mientras los jefes piensan “otro muerto, mierda, otra inspección”; los únicos a los que nos sale a pagar la declaración ganando 1000 € (afortunados quienes lleguen a esa mágica cifra); los que tienen que esperar a cobrar para poder hacer las compras porque hace quince días que se les acabó el dinero. Sin embargo, todos los beneficios son para ellos, las sombras que mueven los hilos tras la mascarada. La historia avanza pero la lucha es la misma. Nos dan caramelos y tratan de cegarnos con pequeñeces mientras ellos ganan cifras obscenas.
Hoy no quiero ser francés
Bandera roja.

jueves, febrero 28, 2008

La niña de Rajoy

Ser la niña de Rajoy tiene que ser la mayor putada que te hagan tus padres en su vida. En contra del sutil comentario “buenas noches y buena suerte” de ZP, el Señor Número 2, porque Rajoy se parece a ese personaje de Austin Powers, nos mostró el camino de una niña repipi, orgullosa de ser española, con el pelo liso y mucho maquillaje, con blusas antiestéticas y el rosario para las misas del domingo. Supongo que Número 2 hablaba de cualquiera de las mujeres de su partido, todas ellas con ese parecido físico sospechosamente oficial. Ese tipo de mujeres con el que es mejor no juntarse porque, como decía Woody Allen, seguramente se pondrán a rezar antes de cada noche de sexo.
Número 2 destila patriotismo por cada poro de su piel, cierto. Y dice que los que no le votamos deseamos el fin de España y somos herejes que merecemos un Auto de Fe todos los martes y domingos a primera hora de la mañana, antes de la misa. Número 2 no sabe que la gente que se avergüenza de ese patriotismo exacerbado y mal entendido, lo hace porque durante muchos años, la derecha que él representa ha provocado en una mayoría de población, precisamente eso, vergüenza. La vergüenza de la intolerancia religiosa, la misma vergüenza que provocan aquellos que hablan sin parar de democracia y no tienen la decencia moral de condenar al régimen del Profesor Maligno. La vergüenza de quienes, sin pudor alguno, han manipulado la memoria de los muertos a manos de la mayor lacra de este país, ya sea Euskal Herria o España. Muertos que se han convertido en marionetas de los sin escrúpulos.
La nueva condición de currito de Número 2 eleva la desfachatez y la hipocresía a escenarios en los que podía competir en interpretación con el mismísimo Sir Lawrence Olivier. Creo recordar que Rajoy fue ministro de algo en los tiempos en los que MiniYo llevaba la voz cantante, los tiempos del decretazo y del reparto de empresas públicas muy rentables, y de licencias, más rentables aún, entre los amigos de clase de miniYo. ¡AH! Esos desfalcos y desapariciones de cientos de millones de € por la vía del “todo legal”. Esa es la condición de currito de Número 2. El mejor ejemplo de la gran política que llevaría en el caso de ser presidente, es la presencia de un gran amigo de los trabajadores, el señor Pizarro. Un tipo que seguramente se lustre sus zapatos de mil € en la espalda grasienta y sudorosa de los currantes, y cuyos comentarios sobre la propiedad privada como panacea de los males… de su gremio de explotadores, me ponen los pelos de punta.

lunes, febrero 18, 2008

La gente, la Iglesia y el voto

Yo me pregunto ¿Por qué la Iglesia no es capaz de mantener el pico cerrado? Y es que es mejor parecer un ignorante retrogrado cuyos mejores tiempos fueron los de la Edad Oscura a abrir la boca y confirmarlo. La Iglesia anda sobrada de estupideces y estúpidos de la calaña del obispo de Tenerife, al cual por cierto, malinterpretamos sus palabras amables con la pederastia. Y es que la culpa es de los padres que las visten como putas. Ahora quieren, nuestros amados obispos, que votemos al PP en el nombre de Dios Todopoderoso. Perdón, también hemos malinterpretado sus palabras. Ellos no quieren que votemos al PP sino a un partido de siglas cualesquiera pero que esté al 100% con la Iglesia y las clases de religión contando más que leer y escribir, o sumar y restar. Y además, ese partido tiene que estar en contra de los homosexuales y de la inmigración.
El otro día oí que en España la gente vota para que no salga el contrario que más asco te produce. Chorradas, decía yo, pero nunca se sabe: el PP no da asco, da miedo, y mucho. Y es increíble la capacidad de devorar la cabeza de la gente hasta convertirlos en maquinas de recitar el ideario fascista de memoria. Y lo peor: tener que escucharlo en la boca de los obreros más pobres e ignorantes. Los individuos son inteligentes y la masa social se aborrega. No lo sé, a veces lo dudo. No me entra en la cabeza que un tipo cuyo sueldo es racaneado hasta el último céntimo por las empresas, cuyo hijo ha tenido cien trabajos, todos ellos precarios como el Feo montado en su caballo con la soga al cuello, cuya juventud fue destrozada por la educación fascista (y por ahí van los tiros) de los mismos perros que hoy se llaman demócratas y que tienen que atarse el brazo al cuerpo para no delatarse al pensar en el Caudillo, y cuyo partido se ha deleitado con putadas varias al estado en general… Ese tipo coge la papeleta y vota al PP. ¡Dioses del Averno! El pobre cree que los homosexuales son unos enfermos y los inmigrantes un pozo de enfermedades. Todo, gracias a la bendita Madre Iglesia y sus patrañas. Los gay son enfermos pero tenemos que creer que un dios todopoderoso nos sacó de una chistera, junto a los mosquitos (gran invento) y a las babosas de mar (Un gran día de inspiración).
Pensemos.

miércoles, enero 02, 2008

Año nuevo

Son las dos de la mañana. La maldita comida del chino se está revolviendo en mi estómago. Es doloroso, y la aversión hacia lo oriental seguramente dure hasta el próximo fin de semana. Así, estoy despierto cuando debería estar en alguna de mis aventuras oníricas. Llevo casi tres meses sin escribir nada en el blog. Es curioso, porque mi última entrada estaba relacionada con las motos y el motivo de esta vagancia literaria es, precisamente, un pequeño tropezón a la salida de una curva. Debo dar la gracias, eso sí, al mantenimiento de carreteras de Cantabria que decidió que un carril hasta las cejas de arena era más seguro que el asfalto ¿Qué me duele? Pues ni más ni menos que el haberme convertido en una estadística a favor del Sr. Navarro. Ahora soy un tío con más de treinta años que, teniendo poder adquisitivo elevado se ha comprado un avión de dos ruedas y la falta de experiencia le ha tirado al suelo. Sobre mi velocidad adecuada para la curva, el hecho de que nos fuéramos dos compañeros al suelo y el fantástico estado de la vía, nada; ni importa, ni sale en las estadísticas. Y todo esto con la sensación que deja acabar en el suelo a quince centímetros del guardarrail. En fin, un desastre.
Es el primer día del nuevo año. Todo el mundo tiene esperanzas y deseos que repartir. El mío es muy sencillo: por favor, que no gane el PP las elecciones. Sería tal desastre para este país que Rajoy fuera presidente… bueno, tan malo como los ocho años de Ansar, los peores, de largo de la democracia. Y eso contando la reconversión (por otro lado necesaria) y las manitas en los Fondos Reservados. Cuatro años más, desmantelando la enseñanza pública, con la religión puntuando en el expediente tanto como las matemáticas o la enseñanza del idioma; cuatro más de aumento de la presión fiscal; cuatro años de retroceso social con medidas medievales sobre la familia, el matrimonio y el “todos somos iguales ante la ley, pero algunos, no”; cuatro años de “es mejor que esos sucios inmigrantes se ahoguen intentando infectar ese país”. Sería muy duro, tal vez demasiado.

lunes, septiembre 24, 2007

Motos, carreteras y ministros

Hasta hace no mucho tiempo veía a los motociclistas como animales que montaban máquinas por encima de sus posibilidades y que desafiaban a la muerte cada vez que salían a la carretera. Y a mí siempre me han gustado las motos. Durante años tuve una pequeña 49 cc en el pueblo, y cabalgué sobre una Ducati 250 cc de dos tiempo que tenía, y tiene, mi padre. Con en esa mentalidad de quien le gustan las motos y nunca ha montado en una por una carretera, criticaba a los moteros por poner en peligro su vida y la de los demás con su desprecio casi absoluto por las normas más elementales de seguridad.
Pues hoy tengo moto; soy el orgulloso dueño de una Suzuki Bandit de 650 cc y 80 cv, hoy limitados a los famosos e inútiles 34 cv. Las cosas ya no son lo que eran, o más bien lo que creía que eran. Me encuentro en un mundo en el que los motoristas hacen lo que pueden para mantenerse a salvo; veo a la gente muy preparada y usando todas las medidas de seguridad a su alcance para luego acabar contra un guarda rail, muertos; veo a los conductores de coches poniendo en peligro a las motos que nunca ven haciendo maniobras increíbles a escasos centímetros de un vehículo cuya estabilidad depende del equilibrio del conductor; me encuentro que las autoridades dejan toda la responsabilidad de la seguridad en nuestras manos pero sin hacer nada ellos. “Si te matas es por tu culpa” parecen decir. Claro, ellos no tienen ninguna responsabilidad; ellos no tiene la culpa de nada. Pero, ah, si ellos son los que nos montan las carreteras tan buenas con esas defensas maravillosas que parten a la gente entres trozos incluso a velocidades de cafeteras.
“Los accidentes de motos aumentan por que es normal en un país de ricos”. Sólo los ministros de vivienda solían decir payasadas tan enormes, pero este señor de cuyo nombre prefiero no acordarme ese encarama con esa frase al podio de las estupideces. Más motos, señor ministro, con las mismas carreteras con los mismos guarda raíles, equivalen a más accidentes. La puta cuenta de la vieja, como dice mi madre. A mi se me obliga, después de haberme sacado un carnet de conducir a limitar mi moto a algo parecido a tener una 250 cc. Experiencia, dicen, no demasiada, si cuando acabe mi periodo de prueba me compro una 1000 cc con 200 cv. Como pasar de mi Peugeot 309 a un BMW con 400 cv, o sea, ninguna. Eso sí, regalo motos de 125 cc a quien la quiera sin haberse montado jamás en una, no hace falta ni haber montado en bicicleta. Te la regalo, tío. Toda para ti.
Quieren ahora evitar que los chavales se compren motos grandes hasta los 24, sin embargo, con dieciocho recién cumplidos puedo conducir mi Subaru Impreza o un BMW M3 a la velocidad que quiera y matar, no sólo a mí, sin a una familia entera que viene de vacaciones. Eso, señor ministro, es pensar con cabeza. Un genio
Por cierto, las últimas veces que he circulado por Cantabria he visto que se han colocado las barreras dobles en muchos tramos de carretera y de la autovía. Más vale tarde que nunca, pero gracias por hacerlo. Hoy círculo un poco más tranquilo por allí. Es curioso que siempre nos metemos con los cántabros, aún no he visto ni un solo kilómetro de carretera en Bizkaia en el que se haya hecho lo mismo, triste, pero cierto.