De elfos y dragones.
Yo juego a rol, siempre lo he hecho. Desde que tenía catorce o quince años y nos inventábamos nuestro propios juegos donde interpretábamos a temibles guerreros y poderosos magos. Aquello era, y es, simplemente fantástico. Y los mejores juegos siempre eran los de fantasía. Sentir el poder de la hechicería correr por tus venas mientras estás a punto de enfrentarte a un brujo casi invencible es una sensación impagable.
Creo que esos mundos de espada y brujería nos acercan a nuestro Peter Pan particular, a esos tiempos remotos, con cinco y seis años, donde la magia era real. Es un mundo tan distinto al nuestro. El bien siempre triunfa sobre el mal; el honor y la verdad son valores con sentido en el mundo. Los archimalos visten de negro y llevan grandes báculos con calaveras y símbolos malditos. Aquí, llevan corbata y son dueños de bancos y gigantes empresariales.
Los héroes y heroínas los son con mayúsculas, sin mácula. Uno puede confiar en ellos, aunque al principio no quieran arriesgar nada o no les interese. Al final Madmartigan siempre acompañará a Willow; el peck ya estaba casado, quien si no se iba a quedar con la hermosa hija de Bavmorda.
A mi se me cayeron las lágrimas cuando, siendo muy pequeño, el caballo de atreyu, Artax, se hundía bajo el pantano. Y eso sin haberme leído el libro. Cualquier libro de fantasía que este medianamente bien escrito, enseguida me atrapa para dejarme ver entre el barro y calado hasta los huesos en busca de un elegido o de una joya mágica que permita al rey recuperar su trono, usurpado éste por maligno caballero negro que va a obligar a la princesa a casarse con él para legitimar su coronación.

