Tregua en Euskadi
Esta mañana me he levantado con el anuncio de ETA de mantener una tregua permanente. El anuncio fue ayer pero hasta hoy no he podido tener más información. ¡Ojala! Es lo primero que piensa uno al enterarse, esta tierra nuestra a la que unos llaman País Vasco; otros, Euskal herria; otros Euskadi; y seguramente, algunos aún la llamen Provincias Vascongadas, ha sangrado demasiado y ha llorado lo suficiente como para merecerse un respiro.
Llevamos tres años sin muertos y, aunque no creo que la voluntad de matar de ETA se haya apaciguado, lo que si ha cambiado ha sido el mundo a su alrededor. Desde los atentados en Nueva York las cosas fueron distorsionándose hasta quedar irreconocibles. Nadie en el mundo les vería ya, excepto unos pocos, como libertadores de una tierra oprimida; eran terroristas y occidente así se lo haría saber. La perdida de casi doscientas vidas en Madrid fue la puntilla, España ya no admitía más muertos. El mundo, de repente, ya no es el que era, y ETA ya no tenía hueco en él. El cambio de gobierno, tan legítimo como los demás, y votado por todos los españoles, acabó con los cuatro años de “dictadura” del PP, muy prolífico en decisiones del tipo “porque yo lo valgo”.
Yo soy vasco, he nacido aquí, esta es mi tierra. Mis padres son de fuera, pero han sangrado más por ella que la mayoría de los arios del lugar. Un amigo abertzale me dijo una vez – La tierra, es de quien la trabaja, no mía, ni tuya por tener uno, dos, o tres apellidos acabados en etxea, mendi o goitia. Siento esta tierra como lo que es, mi hogar. Lloro cuando ETA mata a un vendedor de chuches sólo porque es concejal del PP, pero también lloro cuando cuando alguien de Madrid dice que los vascos somos unos desgraciados, que no nos quieren en España. Yo seguiré en esta tierra mientras pueda. No soy nacionalista, pero también quiero que nos dejen elegir nuestro futuro a nosotros. Lo que pueda decir un andaluz sobre lo tenemos que hacer no son más que lágrimas en la lluvia. Los únicos que debemos decidir somos nosotros, eso sí, en absoluta libertad, sin que los matones de las Camisas Rayadas de Batasuna se comporten cómo las SA de Hitler y traten de que los que no somos nacionalistas llevemos una bandera de España a modo de brazalete.
Decidir en libertad, y nosotros, sin ingerencias de ningún tipo es casi una utopía, pero ¿acaso no se hizo en Quebec hace unos pocos años y en Noruega a principios del siglo XX? Decidieron como hombres libres, y su voluntad fue aceptada por los demás, punto. Si los vascos decidimos ser libres y no ser españoles durante más tiempo, que sea así, yo seré feliz; si, por el contrario, decidimos ser españoles y acompañar a España en el futuro, que sea así, yo seré feliz.
Suerte a todos.

