Palabras difíciles.
¿Cómo puede ser tan difícil encadenar palabras?
En mi infinita arrogancia presumo ser capaz de casi cualquier cosa con sólo desearlo; y eso que, quizás no sea arrogancia u orgullo, sino más bien un exceso de imaginación. En mi papel de eterno Peter Pan mi sombra me observa mientras mi alter ego escritor firma la obra maestra del siglo XXI. Es una novela grandiosa, llena de épica y belleza. Un mundo de sensaciones sin par, a la altura de Joyce o Proust... Luego mi sombra regresa para pegarme una colleja y sacarme de los mundos de Yupi.
Me pregunto cómo puede ser tan difícil colocar una palabra detrás de otra y formar una frase coherente que, unida a otras mediante puntos y comas, de lugar a una historia. Desde luego he contado cientos de historias, miles. Me he divertido durante muchos años de mi vida contando esas historias, disfrutando con mis amigos, sin presión, únicamente sintiendo el placer de recrearme en mi propia y desbocada imaginación. Tengo docenas de ideas que merecen ser contadas, he leído cientos de libros, y de repente, cuando me siento delante del ordenador que tantas ideas me ha dado, apenas me fluyen las palabras. La historia se niega a salir de mi cabeza; está ahí dando vueltas, naciendo y muriendo en apenas unos segundos, retorciéndose, cambiando a cada segundo para acomodar las nuevas ideas que van llegando. Es muy frustrante. Sé que apenas tengo tiempo, ni un lugar adecuado para ello (por ahora), pero no debería ser tan complicado, no para mi.
Sin embargo, no creo que sea falta de técnica. Sé que puedo aprender a escribir, al menos de manera decente, sin excesiva dificultad. No quiero ser Melville o Mann, es más, no soy ni el uno ni el otro. La realidad es que mi cabeza tiene tantas cosas a la vez puestas al fuego que no puede atenderlas a todas. Es una notable falta de estrategia lo que me lleva a esta situación desesperada. No puedo levantar unos buenos cimientos porque me aburre perder el tiempo levantando un muro que de fuerza al edificio de mi historia. ¡Dioses! Me comporto como un crío ¿dónde está mi sombra? Temo no tener la suficiente fuerza de voluntad para hacer las cosas en su debido orden. Mi única ventaja es mi propia debilidad: si no puedo hoy, mi cabeza ya volverá al mismo lugar otro día, cuando la Luna atrape al Sol, o quizás, mañana mismo. No quiero que mi voluntad derrote a mi “locura”, quiero que ésta guíe y encauce mis fuerzas. Me gusta escribir, aunque por ahora yo sea mi único lector, porque aún no tengo nada que enseñarle a nadie. Mañana me gustará escribir, y de una manera u otra, lo seguiré haciendo.

