miércoles, abril 12, 2006

Palabras difíciles.

¿Cómo puede ser tan difícil encadenar palabras?

En mi infinita arrogancia presumo ser capaz de casi cualquier cosa con sólo desearlo; y eso que, quizás no sea arrogancia u orgullo, sino más bien un exceso de imaginación. En mi papel de eterno Peter Pan mi sombra me observa mientras mi alter ego escritor firma la obra maestra del siglo XXI. Es una novela grandiosa, llena de épica y belleza. Un mundo de sensaciones sin par, a la altura de Joyce o Proust... Luego mi sombra regresa para pegarme una colleja y sacarme de los mundos de Yupi.

Me pregunto cómo puede ser tan difícil colocar una palabra detrás de otra y formar una frase coherente que, unida a otras mediante puntos y comas, de lugar a una historia. Desde luego he contado cientos de historias, miles. Me he divertido durante muchos años de mi vida contando esas historias, disfrutando con mis amigos, sin presión, únicamente sintiendo el placer de recrearme en mi propia y desbocada imaginación. Tengo docenas de ideas que merecen ser contadas, he leído cientos de libros, y de repente, cuando me siento delante del ordenador que tantas ideas me ha dado, apenas me fluyen las palabras. La historia se niega a salir de mi cabeza; está ahí dando vueltas, naciendo y muriendo en apenas unos segundos, retorciéndose, cambiando a cada segundo para acomodar las nuevas ideas que van llegando. Es muy frustrante. Sé que apenas tengo tiempo, ni un lugar adecuado para ello (por ahora), pero no debería ser tan complicado, no para mi.

Sin embargo, no creo que sea falta de técnica. Sé que puedo aprender a escribir, al menos de manera decente, sin excesiva dificultad. No quiero ser Melville o Mann, es más, no soy ni el uno ni el otro. La realidad es que mi cabeza tiene tantas cosas a la vez puestas al fuego que no puede atenderlas a todas. Es una notable falta de estrategia lo que me lleva a esta situación desesperada. No puedo levantar unos buenos cimientos porque me aburre perder el tiempo levantando un muro que de fuerza al edificio de mi historia. ¡Dioses! Me comporto como un crío ¿dónde está mi sombra? Temo no tener la suficiente fuerza de voluntad para hacer las cosas en su debido orden. Mi única ventaja es mi propia debilidad: si no puedo hoy, mi cabeza ya volverá al mismo lugar otro día, cuando la Luna atrape al Sol, o quizás, mañana mismo. No quiero que mi voluntad derrote a mi “locura”, quiero que ésta guíe y encauce mis fuerzas. Me gusta escribir, aunque por ahora yo sea mi único lector, porque aún no tengo nada que enseñarle a nadie. Mañana me gustará escribir, y de una manera u otra, lo seguiré haciendo.

miércoles, abril 05, 2006

La guía del autoestopista galáctico

No tengo por costumbre hablar de cine, por lo menos en este blog. Los críticos me desagradan lo suficiente como para no gustarme ni un pelo hacer de ellos, pero bueno: nunca digas nunca jamás.

La guía del autoestopista galáctico, decía la carátula. En su portada, un hombre en pijama, batín, toalla al hombro y una taza de té, comparte protagonismo con un hombre de sonrisa histriónica, un muchacha vestida de blanco con un cañón láser, un robot cabezón y no sé qué más. La verdad es que tenía ganas de verla. Había leído sobre ella en la Fotogramas y me había entrado la curiosidad. Y desde luego ha cumplido con las expectativas que puse sobre ella, porque es magnífica, una maravilla. Completamente original, distinta a cualquier película de sci-fi que haya visto.

Me quedé plantado dos horas en el sofá alucinado con las aventuras de Arthur Dent y sus amigos, a cada cual más extraño. La película rebosa frescura por todos los lados. Y hacía tiempo que no me divertía tanto viendo una peli. Esti se quedó dormida, pero siempre lo hace, así que no se puede medir la calidad de la peli por el tiempo que mi novia tarda en dormirse. El guión está basado en una serie de libros, una trilogía en cinco partes y una serie de radio comedias ¿aún se hacen esas cosas? En ellas Arthur Dent salva su vida gracias a un amigo suyo que en realidad es alienígena de un planeta muy pequeño cerca de Betelgeuse. El caso es que los Vogones, un raza de horrible poesía y peor humor destruye la Tierra para construir una autopista que pasa por la Sistema Solar. Arthur se ve inmerso en la búsqueda de un super-ordenador capaz de responder a la gran pregunta sobre la Vida, el Universo y todo lo Demás. El problema es que cuando se le formuló la pregunta la super computadora respondió 42. Se construyó entonces, una super-computadora para poder calcular la pregunta correcta, y se camufló en forma de planeta Tierra, el mismo que los Vogones acaban de destruir, en fin, un desastre.

Los protagonistas viajan en una tetera llamada el Corazón de Oro por medio de un fantástica energía llamada de la improbabilidad pura. Acompañan al héroe la otra terráquea con vida, el presidente de la galaxia y un robot con una profunda depresión. Tan variopinto grupo produce un efecto desconcertante en la pantalla pero tras la sorpresa se les coge cariño.

Es posible que para el gusto de lo comunes sea un película un tanto extraña y con poco sentido pero manteniendo los ojos un poco abiertos y la mente un poquito receptiva se disfruta en cantidades industriales.