miércoles, junio 28, 2006

La montaña mágica

Tras los duros exámenes de Junio, y ya veremos las notas, aunque no creo que pueda aprobar todo gracias las 18 provincias chinas y su inmensa capacidad toponímica, he vuelto a la más agradable tarea de leer un poco y dejar volar la imaginación. No quiere decir que no haya disfrutado de breves momentos de relax literario en este tiempo de estudio; he leído al menos tres o cuatro libros en ese periodo, pero siempre aquellos que se disfrutan por instinto. Sin embargo tenía ganas de atacar un gran clásico, algo de lectura consciente que requiera toda mi atención a los mil y un detalles que sólo poseen las obras geniales. Después de vacilar durante un par de días entre La montaña mágica, de Mann, y Crimen y castigo, me decidí por fin a acercarme otra vez a la belleza y vitalidad de los personajes del alemán tras la aventura junto al Doktor Faustus.

La semana pasada comencé a devorar ese monstruo narrativo que es la Montaña Mágica de Thomas Mann. Fue un regalo un supuesto amigo invisible en ese magnifico juego navideño donde todo el mundo sabe qué y quién le ha regalado qué. Por mi parte, debo dar las gracias a mi cuñado Aitor, al que facilite incluso la dirección de la librería donde podía comprar mi regalo.

La prodigiosa capacidad humana de Mann es una habilidad casi sobrenatural; su narrativa es sencilla y eficaz, libre de la épica de Melville pero de una profundidad casi infinita. Con suavidad, al igual que Hans Castorp, insigne protagonista de esta historia, Mann se introduce en el endogámico mundo de un balneario para tuberculosos y moribundos en el que los más increíbles e imposibles personajes se asoman a la vida de un incrédulo Castorp. A medida que el protagonista, que en un principio llega al balneario de Davos Platz para una corta visita de tres semanas, va alargando su estancia hasta unos imposibles siete años, el balneario cobra vida propia y los personajes se despliegan de manera sutil pero constante para transformar el mundo, antes ordenado y lineal de Hans Castorp.

El vasto conocimiento de las profundidades del alma que Mann exhibe en sus libros hace que cada conversación sea un mundo y de que en cada frase brote un modo de vida. La experiencia se refuerza con la certeza de una muerte segura para muchos de residentes del balneario; algunos con los Hans Castorp no llega a cruzar palabra alguna pues los encuentra moribundos pegados a una botella de aire puro de los Alpes, eso sí, a 20 francos de la época la botella, pero que logran arañar el alma del joven incluso desde la tumba.

Estoy ciertamente emocionado con su lectura, y aunque no es un libro para leer agarrado a la barra del metro o al ritmo de los baches del autobús, procuro beber de él allí donde puedo. Esta noche, otra vez de noche, pasaré algunas páginas, si puedo.

jueves, junio 15, 2006

La sangre es vida

Hacia mucho tiempo que la oscuridad no conseguía acongojarme como lo ha hecho esta semana. El lunes, para comenzar bien mi semana laboral, metí en mi bolsa una antología de textos sobre vampiros. No he de señalar que uno de mis libros favoritos es Drácula, de Bram Stoker. Me lo he leído tres veces, dos de ellas de un tirón, y por la noche. Me senté entonces en mi cubil de lectura, poco más que el comedor de mantenimiento, y me introduje en las tinieblas de mi corazón.

Tras el primer encuentro con Tieck y su “No despertéis a los muertos” sudaba la gota gorda. En mi taller no hay apenas ruido, excepto a veces el de los martillos de los mecánicos, y solamente a veces. La crueldad de Brunilda, levantada de su mortaja, hermosa como el cielo, cruel y hambrienta como el infierno, me hicieron mirar hacia atrás con el rabillo del ojo con disimulada preocupación por mi cuello.

Tieck se acerca al vampiro romántico por excelencia y que Polidori lo expresa con más fuerza aun, y lo convierte en un noble atractor de desgracias y lamentos. El conde Rhutven me hizo sentir escalofríos y tuve que dejar de leer; salí del taller con una brillante luna y caminé al servicio sabiendo que al levantarme del lavabo, tras el espejo estaría el conde esperándome. Polidori comienza una aproximación al vampiro de nobles rasgos y cierta arrogancia que, cubierto con una fina pátina, se pasea por los salones más importantes en busca de sangre y vida. Genial

Cuando terminé con La muerta enamorada, de Gautier, me estaba preguntando de dónde habría sacado Tim Burton su idea para La novia cadáver. Este pequeño relato llega hasta lo más profundo de uno mismo. Te sientes impotente compartiendo el mismo amor que comparte un joven sacerdote. Es tan intensa su pasión que confunde día y noche, sueños y realidad, y acaba soñando que se despierta por la mañana y es un sacerdote, al servicio de un Dios que no le ama. La hermosa y melancólica Clarimonda es tan real que mientras estás leyendo caminas en una fina línea blanca con el desprecio a un lado y el amor al otro. Y la historia es en verdad, muy triste.

Me gustó muchísimo, e hizo que me apartara de la ventana, el relato de Alexei Tolstoi, escrito a la inmensa sombra de su hermano. Basado en los vampiros de origen eslavo, los urdalak son vampiros en estado puro, brutales, y alejados del modelo romántico inglés y francés. Los urdalak van devorando a los miembros de una misma familia hasta acabar con pueblos enteros unidos por lazos de sangre. La teatralidad de estos seres queda de manifiesto en sus apariciones tras las ventanas, como espectros, esperando una oportunidad de engañar a otro miembro de la familia. La escena de las ventanas me hicieron recordar, lo cual me sirvió para quitarme el miedo de encima, al Baile de los Vampiros, de Polanski, donde el viejo tabernero se escudaba tras el cristal para acechar a su joven y pelirroja hija.

La cumbre de esta antología la representa, sin lugar a dudas, Sheridan Le Fanu y su Carmilla. Dulce y hermosa Carmilla, seductora y cruel en la misma proporción. El terror va creciendo a medida que se conoce a Carmilla Von Karnstein. Quieres gritar, avisar a la inconsciente Laura del peligro que corre junto al vampiro. Carmilla o Mircalla, es el poder de las tinieblas encarnado en imagen de terrible belleza e inocencia; ella es la culminación de un siglo de historia y desenfreno vampírico. Posee todos los rasgos del monstruo que anida en el interior; es la imagen platónica tras el muro de la caverna de lo que debe ser un vampiro. El tenue y rasgado velo de erotismo inocente, junto con una dulzura maldita hace que uno sienta una calculada mezcla de deseo y asco. Le Fanu posee una fuerza arrolladora que ha convertido su relato en un texto inmortal.

No queda sino decir que preferí acabarme el libro esa noche, para pasar miedo una sola vez de camino a mi casa; subí corriendo hasta el quinto porque sabía que no había luz ni en el cuarto, ni en el tercero. Incluso puse mi mano sobre la espalda de Esti a ver si respiraba....

lunes, junio 12, 2006

Colores y banderas

Veo la caja tonta con sus partidos de fútbol sin fin aparente y no puedo sino alucinar con la Torre de Babel en la que vivimos. El mundial ha llevado a Alemania a cientos de miles de aficionados de casi 40 países, cada uno con su banderas y colores. Los Mexicanos emplumados como dioses aztecas; los suecos en su línea: cascos, cuernos y cerveza, y menos mal que han dejado lo de saquear y violar para después del verano...

El ser humano, esa maravillosa criatura, capaz de lo mejor y lo peor, vive separado de sus vecinos por líneas dibujadas en fríos mapas por fríos tecnócratas que nada saben de comunidades o de personas. Toda África se haya dividida a tiralíneas que no han respetado a los distintos grupos étnicos y tribales y que a la postre ha provocado incontables sufrimientos en todo el continente. Es curioso que aquellos que dibujaron esas divisiones vivían, y vivimos, bajo esa mismas mismas líneas.

Parece que el hombre está destinado a odiarse por toda la eternidad. Nos separa el idioma, principal diferencia entre los hombres y mujeres de este nuestro pequeño mundo. Esa maldita diferencia dialéctica hace que no podamos entendernos con comunidades que viven a apenas a pocos metros de nosotros. Al parecer, tememos aquello que no entendemos y si los alemanes no entienden a los franceses, pues nada, se le invade y se le hace hablar alemán hasta que se les olvide el francés. El problema comienza cuando los ingleses, que no hablan francés pero son grandes amigos de éstos desde los tiempos de la guerra de los Cien Años y Napoleón, deciden que tampoco se entienden con los alemanes, ni éstos con los soviéticos, aunque sí con los italianos. Suma y sigue.

Es evidente que el idioma no es el problema para el entendimiento, es importante, pero no es el verdadero fondo del asunto. Y al final uno se da cuenta de que el problema es el de siempre, y la culpa de los de siempre: poder. Sí, poder, es la única razón por la que han evolucionado e involucionado los estados, naciones e imperios. La única razón por la que los USA están en Irak; la razón por la que Irak invadió Kuwait. Fue el único motivo por el que los soviéticos arrasaron Afganistán y los americanos Vietnam.

Los estados que surgieron tras la Edad Media fueron el fruto, muy grandes rasgos, eso sí, de los grandes soberanos que fueron centralizando sus poderes y dando cohesión a sus territorios, algunos originales, y otros conquistados. Hasta esa Edad Media los países nacían y morían a la sombra de grandes y perecederos dirigentes a los que nadie lloraba cuando se morían; las gentes solo se hallaban atadas a sus pequeñas comunidades y ya había demasiados llantos por otras cosas. Los choques entre las naciones no eran fruto del odio mutuo del pueblo sino de las aspiraciones territoriales de la nobleza. El odio es el fruto de cientos de años de aspiraciones territoriales y vendettas; y como en el caso de la rencillas entre familias de los pueblos de la España profunda ya nadie recuerda como comenzó todo. Ya no sabes porque los franceses te caen mal, es algo instintivo, casi visceral, putos gabachos de mierda con su puto idioma....

Y digo yo ¿y a mí que me han hecho los pobres franceses? Nada.

Menudo mundo.

jueves, junio 01, 2006

Añoranzas

Qué largo y tedioso es el tiempo de exámenes. Los días caminan despacio, cansados y perezosos, sin ganas de terminar. Pero, curiosa paradoja, el tiempo global del que uno dispone para estudiar se distorsiona y tiende a cero. Todo son prisas y difíciles elecciones sobre lo que es importante y lo que uno cree que no lo es, y que luego se convierte en el 80% del examen.

Lo peor de la época de estudio es lo poco que me puedo dedicar al noble arte del aburrimiento y las dulces siestas vespertinas tras haberme levantado a las cinco de la mañana y haber soportado al montón de zotes que se hacen jefes de departamento, jefes de área, jefes de cartones y jefes de “no se muy bien por qué me pagan pero soy tu jefe”.

También echo de menos mis partidas de rol; mundo perfecto para que la mente se eleve sobre este mundo de grises lluvias. Casi no me acuerdo de la última partida que jugué, en la que según parece tres nobles guerreros trataban de lidiar con un samurai armado con el honor y una espada multifunción. Muy al norte, en las tierras bárbaras, un gran guerrero se encuentra en stand-by mientras se lanza a la carga contra una Akuma ( un campeón de los infiernos) que al parecer, y presuntamente, ha matado a la amante del guerrero.

A Esti no puedo echarla de menos, es la única persona que permanece a mi lado en este invierno de mi descontento. Por lo menos su presencia me anima un poquito cada día. Y aunque esta semana solo estamos juntos un ratito durante la cena y en la relajada charla antes de caer en brazos de Morfeo, es tiempo suficiente para respirar un poco de aire fresco.

Paradoja. Incluso cuando estoy estudiando, en ese tiempo fuera del tiempo, disfruto. Puede que no consiga saberme de memoria la puta lista de los papas desde Inocencio III hasta el tiempo del Gran Interregno imperial, pero disfruto en cantidades ingentes del devenir de los hombres hasta nuestros días. Es increíble ver la cantidad de sangre que se ha derramado hasta la configuración actual de nuestro mapa. Estoy leyendo y a veces me pregunto que pensarían aquellas gentes que un día eran alemanes, al día siguiente franceses y tres días después sus amos eran los grandes comerciantes de la liga hanseática ¿y los nacidos en los Estados Pontificios? ¿Eran Pontifiquenses?

En fin, unas letras para desahogar la mente.