Crecer y Morir en Oriente Próximo
He buscado la palabra fanático en el diccionario de la Real Academia de la Lengua; lo hubiera hecho en la Wikipedia, madre de todo el saber universal habido y por haber, pero he preferido arriesgar y equivocarme: lo he buscado en ese pequeño manual con hojas impresas tan raro.
Fanático: Adj. Que defiende con tenacidad desmedida y apasionamiento sus creencias, sobretodo políticas y religiosas.
Bueno, no creo que la palabra resulte suficientemente contundente para algunos. Estos días todo el mundo mira hacia Palestina con preocupación. La escalada militar israelí en respuesta a los secuestros de tres soldados hebreos y la muerte de otros siete en varios ataques de Hamas y Hizbollah hace que el mundo tema que la llama de la guerra prenda todo Oriente Próximo.
Me pregunto que es lo que ha llevado a Hamas al poder. Las respuestas posibles son variadas. Lo normal que es que la absoluta corrupción del gobierno de Arafat debería haberle sacado del gobierno palestino en menos de lo que hebreos tardan en cargar sus cañones. Pero luego pienso, Aznar y su equipo de corruptos al estilo “todo legal” se ha mantenido en el poder durante ocho años y sólo se ha podido acabar con ellos porque la gigantesca bola de nieve en forma de mentira sobre sobre los atentados de Madrid se les cayó encima como ardientes flujos piroplásticos. En fin, no divaguemos. Los palestinos conocían las consecuencias de votar a un grupo que no reconocía el estado judío. Sin embargo, y fuera de toda lógica occidental, Hamas consiguió una abrumadora mayoría. Vale, muy bien, viva la democracia ¿y ahora, qué? Hamas dice que Israel debe ser destruida y la UE y los USA le retiran todas las ayudas, de las que vive la práctica totalidad del pueblo palestino. Palestina se muere de hambre y de sed. El pueblo no tiene trabajo por una economía destrozada por años de guerra sucia el gusano de la corrupción. Cuánto más aprieta Dios, más fanáticos se vuelven; y con su fanatismo, provocan más dolor y muerte, lo que les vuelve más radicales: es un terrible círculo vicioso del que solo los palestinos pueden salir.
Quizás, los occidentales en nuestra infinita soberbia estemos haciendo mal las cosas. Puede que la paz venga, no con la no-guerra actual, sino con el desarrollo del pueblo palestino como nación, ayudándoles a crecer y desarrollarse y no a darles víveres para que malvivan como mendigos pidiendo unas pocas migas de pan. Es posible que si dejamos que avancen, si potenciamos su cultura, si comerciamos con ellos en igualdad de condiciones y no de amo a siervo, de poder a esclavitud, puede un día los musulmanes sean turistas en Tel Aviv y los judíos puedan visitar Petra y los restos romanos y helenísticos en Siria.
Mientras esa tierra utópica llega, tendremos que sentarnos a comer con los hombres-bomba palestinos y los Apache hebreos destruyendo Gaza. Mientras los soldados israelíes sigan muriendo, los hebreos seguirán matando. Si los cohetes de Hizbollah siguen volando hacia los Kibutz, los F-16 seguirán dejando caer su carga mortal sobre las ciudades palestinas y libanesas. Cuando las personas importen más que el dinero, el poder y lo dioses, entonces, y sólo entonces, habrá paz en Palestina.

