jueves, noviembre 23, 2006

Jazz, Rock, Swing y Blues

Ya no recuerdo cuanto tiempo llevaba sin escuchar algo realmente original en el mundo de la música. Meses, tal vez. Salvo excepciones, y quitando a los grandes grupos que lo hacen casi todo bien, la mayoría de los grupos suenan todos a lo mismo. Un amigo mio diría que como no escucho a los alemanes Lacrimosa no tengo ni idea de lo que es la originalidad.

A veces la suerte nos sonríe, y en dos semanas he tenido dos golpes afortunados.

Katie Melua es una georgiana ( sí, donde nació Stalin ) afincada en Londres con una voz dulce y suave que me recordó a Eva Cassidy desde el primer momento. Su música es alegre, cercana al blues, al jazz. Sus canciones tienen un ritmo que obliga a chasquear los dedos y murmurar sus letras. Canciones aptas para aquellos abiertos ( no como Alain ) a nuevos sonidos, siempre respetando unos criterios de calidad. Su voz es casi un susurro pero capaz de emocionar y de ponerte los pelos de gallina cuando la eleva por encima de la música. Para guinda del pastel un versión increíble de On the Road Again de Canned Heat

El segundo golpe afortunado lo tuve hace dos días. Alguien me comentó que Therion ( grupo increíble donde los haya ) sacaba disco nuevo. Nada más llegar de currar arranqué el pc y me dediqué a husmear por la red en busca de noticias sobre el disco. Por casualidad llegué a un grupo que, según decían, practicaban un estilo parecido. Se llaman Diablo Swing Orchestra. Y el nombre llama la atención. La primera audición me hizo abrir los ojos de para en par. Puro y extraño Swing aderezado con vigorosas guitarras y distorsiones, acompañando a una potenstísima voz femenina. Las canciones se suceden, algunas más rockeras; otras más extrañas, con guitarras españolas y contrabajos. Originales en cada canción, demasiado raros para el público general, pero me encantan. Por encima de After Forever y sucedáneos. No sólo son una voz potente por encima de Heavy Metal, no, su sonido tiene marca registrada.

domingo, noviembre 12, 2006

Vivir el mito

El monumento reza “ Ven a buscarlas”, y fue la respuesta del rey espartano Leónidas al todopoderoso Jerjes frente al paso de las Termópilas. Del paso ya no queda sino las escarpadas laderas de las montañas que cortaban el paso al “ejercito que bebía ríos enteros para saciar su sed”. Sin embargo, puedes sentir, al pie de la montaña, los tambores de una batalla que ha alcanzado el valor de leyenda. Y leyenda es lo que se siente al caminar por los rincones de la Atenas clásica. Sólo ver el nombre de la ciudad de Esparta escrito en un indicador de la carretera fue tan emocionante como para dar la paliza a Esti con el mito del poder espartano durante casi una hora. Cuando penetras en los rincones perdidos del ágora ateniense donde han caminado Sócrates, Platón, Pericles, y por qué no, Perseo, una extraña sensación invade la imaginación. Caminas, triste mortal, por los senderos que una vez cruzaron personajes que ahora son inmortales. Vives el mito, como aciertan a decir los carteles turísticos griegos.

Olimpia, un nombre y un lugar cuyo significado se ha deformado hasta convertirse en un simple espectáculo, posee, aun en la distancia y el deterioro, un aura de majestad casi mágica. El santuario se haya enclavado en una tierra de vegetación exuberante que envuelve las ruinas el templo a modo de manto protector que llena de misterio el lugar. A primera hora de la mañana, cuando nosotros llegamos, una débil neblina cubría los restos de Olimpia. El rocío brillaba entre la niebla cuando los primeros rayos de sol alcanzaban el templo: pura magia.

El oráculo del dios Apolo en Delfos, el Oráculo, con mayúsculas, se eleva sobre las faldas de la montaña para otorgar al lugar un sitio entre los dioses. Sus estructuras imponen. Parte del destino de las polis griegas se decidía en este lugar. Y eso, le otorga un sitio de honor entre todas las visitas que hicimos.