65 horas
Creo fervientemente en la teoría que dice que una vez que te han dado un puesto de mando, te vuelves gilipollas. En base a esto, puedo suponer sin equivocarme demasiado que: cuanto más poder, más gilipollas. Y no digamos, entonces, si el trabajo de uno es vaguear en un retiro dorado como el parlamento europeo y cualquiera de los subproductos burocráticos con cargo a todos los ciudadanos. A algún genio se le ha ocurrido que aumentar los límites de la jornada laboral, ya extenuante, de 48 horas, hasta la imposible cifra de 65 horas. Claro, siempre que el trabajador, en igualdad de condiciones con un patrón que le puede quitar el sustento de un plumazo, esté de acuerdo en firmar una especie de “te serviré a ti, mi amo, y sólo a ti, por siempre”. Uno hace un sencillo cálculo, y vienen a salir unas nueve horas diarias siete días a la semana. Bueno, teniendo en cuenta el descanso obligatorio… unas diez horitas diarias de lunes a sábado.
Que un presidente, más típico de república bananera que potencia europea y mundial, que odia a los inmigrantes cuando su apellido suena poco francés, haga una proclamación de este tipo y se quede tan contento es hasta casi normal, dentro de la estupidez, se entiende. Que Gordon Brown, Premier británico, al que nadie ha votado, y al que nadie votará, apoye la iniciativa, es sospechoso, siendo como él dice laborista. Creo que su tercera vía se está escorando hacia la derecha. Nunca he confiado en gobiernos que hacen lo que lo que 100% de su población no desea. Ansar (seguramente será beatificado tras su muerte) e Irak es un ejemplo. Es muy triste. Como vas mirar a la cara a tu pueblo cuando le obligas a medidas retrogradas, que van en contra de casi todas, y sólo benefician a los cuatro de siempre (que en buen árbol les colgaba).
Somos el pueblo soberano, el generador de riqueza, el que alienta con sus impuestos la maquinaria del estado; los que mueren en las minas mientras los jefes piensan “otro muerto, mierda, otra inspección”; los únicos a los que nos sale a pagar la declaración ganando 1000 € (afortunados quienes lleguen a esa mágica cifra); los que tienen que esperar a cobrar para poder hacer las compras porque hace quince días que se les acabó el dinero. Sin embargo, todos los beneficios son para ellos, las sombras que mueven los hilos tras la mascarada. La historia avanza pero la lucha es la misma. Nos dan caramelos y tratan de cegarnos con pequeñeces mientras ellos ganan cifras obscenas.
Hoy no quiero ser francés
Bandera roja.
Que un presidente, más típico de república bananera que potencia europea y mundial, que odia a los inmigrantes cuando su apellido suena poco francés, haga una proclamación de este tipo y se quede tan contento es hasta casi normal, dentro de la estupidez, se entiende. Que Gordon Brown, Premier británico, al que nadie ha votado, y al que nadie votará, apoye la iniciativa, es sospechoso, siendo como él dice laborista. Creo que su tercera vía se está escorando hacia la derecha. Nunca he confiado en gobiernos que hacen lo que lo que 100% de su población no desea. Ansar (seguramente será beatificado tras su muerte) e Irak es un ejemplo. Es muy triste. Como vas mirar a la cara a tu pueblo cuando le obligas a medidas retrogradas, que van en contra de casi todas, y sólo benefician a los cuatro de siempre (que en buen árbol les colgaba).
Somos el pueblo soberano, el generador de riqueza, el que alienta con sus impuestos la maquinaria del estado; los que mueren en las minas mientras los jefes piensan “otro muerto, mierda, otra inspección”; los únicos a los que nos sale a pagar la declaración ganando 1000 € (afortunados quienes lleguen a esa mágica cifra); los que tienen que esperar a cobrar para poder hacer las compras porque hace quince días que se les acabó el dinero. Sin embargo, todos los beneficios son para ellos, las sombras que mueven los hilos tras la mascarada. La historia avanza pero la lucha es la misma. Nos dan caramelos y tratan de cegarnos con pequeñeces mientras ellos ganan cifras obscenas.
Hoy no quiero ser francés
Bandera roja.

