jueves, julio 31, 2008

La Quinta Columna

¿Qué hacer cuando el enemigo está a tu espalda? Buena pregunta, y no me refiero a Alesia, con galos a ambos lados del ejército de César sino a una Quinta Columna, a un traidor. Imagino como debieron sentirse Sertorio o Viriato, o la mitad de los emperadores de Roma. El lunes nos tocó a los obreros que formamos mi empresa sentir el puñal hundirse en nuestras espaldas. Y la traición llegó no de Judas o Lucifer, sino del propio Presidente del Comité de Empresa. Por apenas treinta monedas y unos pocos afiliados en la siguiente remesa de trabajadores, el Señor, le llamaremos X, nos vendió ante un juez al declarar, citado por la Dirección, que la empresa tiene derecho a hacer lo le venga en gana con sus trabajadores. No contento, su lengua de serpiente escupió todo un discurso escrito por la dirección en algún pozo de Mordor en el que se tildaba a los obreros de vagos que no tenían ningún compromiso con la empresa. Por compromiso entiendo un código de barras tatuado en nuestro antebrazo, o, quizás, una frase del tipo Arbeit Match Frei.
Cuando el cuchillo llega tan dentro... ¿qué nos queda? Nada. Sentirnos violados en lo más íntimo, en aquello que creíamos firme como un roca: nuestro sentido de clase. La lealtad de quienes caminan en el mismo barro y pelean en la misma trinchera. Hoy estamos ametrallados por los comisarios de Stalin, condenados a un Via Crucis, a que Pedro nos niegue tres veces.
No me queda más que lo que ya se ha hecho. Decir en voz alta, y delante de todos que su madre era una puta por haber parido a semejante miserable, y escupir con desprecio cuando se atreve a mirarnos. Pequeño consuelo... ya llegará San Martín.