lunes, septiembre 24, 2007

Motos, carreteras y ministros

Hasta hace no mucho tiempo veía a los motociclistas como animales que montaban máquinas por encima de sus posibilidades y que desafiaban a la muerte cada vez que salían a la carretera. Y a mí siempre me han gustado las motos. Durante años tuve una pequeña 49 cc en el pueblo, y cabalgué sobre una Ducati 250 cc de dos tiempo que tenía, y tiene, mi padre. Con en esa mentalidad de quien le gustan las motos y nunca ha montado en una por una carretera, criticaba a los moteros por poner en peligro su vida y la de los demás con su desprecio casi absoluto por las normas más elementales de seguridad.
Pues hoy tengo moto; soy el orgulloso dueño de una Suzuki Bandit de 650 cc y 80 cv, hoy limitados a los famosos e inútiles 34 cv. Las cosas ya no son lo que eran, o más bien lo que creía que eran. Me encuentro en un mundo en el que los motoristas hacen lo que pueden para mantenerse a salvo; veo a la gente muy preparada y usando todas las medidas de seguridad a su alcance para luego acabar contra un guarda rail, muertos; veo a los conductores de coches poniendo en peligro a las motos que nunca ven haciendo maniobras increíbles a escasos centímetros de un vehículo cuya estabilidad depende del equilibrio del conductor; me encuentro que las autoridades dejan toda la responsabilidad de la seguridad en nuestras manos pero sin hacer nada ellos. “Si te matas es por tu culpa” parecen decir. Claro, ellos no tienen ninguna responsabilidad; ellos no tiene la culpa de nada. Pero, ah, si ellos son los que nos montan las carreteras tan buenas con esas defensas maravillosas que parten a la gente entres trozos incluso a velocidades de cafeteras.
“Los accidentes de motos aumentan por que es normal en un país de ricos”. Sólo los ministros de vivienda solían decir payasadas tan enormes, pero este señor de cuyo nombre prefiero no acordarme ese encarama con esa frase al podio de las estupideces. Más motos, señor ministro, con las mismas carreteras con los mismos guarda raíles, equivalen a más accidentes. La puta cuenta de la vieja, como dice mi madre. A mi se me obliga, después de haberme sacado un carnet de conducir a limitar mi moto a algo parecido a tener una 250 cc. Experiencia, dicen, no demasiada, si cuando acabe mi periodo de prueba me compro una 1000 cc con 200 cv. Como pasar de mi Peugeot 309 a un BMW con 400 cv, o sea, ninguna. Eso sí, regalo motos de 125 cc a quien la quiera sin haberse montado jamás en una, no hace falta ni haber montado en bicicleta. Te la regalo, tío. Toda para ti.
Quieren ahora evitar que los chavales se compren motos grandes hasta los 24, sin embargo, con dieciocho recién cumplidos puedo conducir mi Subaru Impreza o un BMW M3 a la velocidad que quiera y matar, no sólo a mí, sin a una familia entera que viene de vacaciones. Eso, señor ministro, es pensar con cabeza. Un genio
Por cierto, las últimas veces que he circulado por Cantabria he visto que se han colocado las barreras dobles en muchos tramos de carretera y de la autovía. Más vale tarde que nunca, pero gracias por hacerlo. Hoy círculo un poco más tranquilo por allí. Es curioso que siempre nos metemos con los cántabros, aún no he visto ni un solo kilómetro de carretera en Bizkaia en el que se haya hecho lo mismo, triste, pero cierto.

jueves, septiembre 13, 2007

El caso Jane Eyre

“He aquí un libro curioso” me decía mientras observaba la roja portada de El caso Jane Eyre ¿Jasper Fforde? La verdad era que no sabía siquiera que hacían dos F seguidas. El caso es que a Esti le pareció interesante y acabamos por comprarlo. Con la sinopsis en la mano el libro no dejaba claras sus intenciones para con este pobre lector. Eso sí, venía muy recomendado por los críticos; siempre y cuando tengamos en cuenta que los críticos que salen en las portadas de los libros no son de fiar, porque son aquellos a los que A: has pagado para que digan eso. O B) has pagado para que digan eso.
Bueno. La protagonista tiene el insólito nombre de Thursday Next, que si mi ingles barriobajero me lo permite viene a decir que se llama Jueves Que Viene. Y yo me quejo por la falta de imaginación de mis padres que me pusieron el nombre de mi tío. ¿Y dónde trabaja? Pues es detective literaria. Sí, ese es su curro, investigar asuntos que tengan que con delitos literarios del tipo robo de manuscritos originales, copias ilegales de Shakespeare, o alteración y falsificación de la poesía de Yeats. Thursday vive en un mundo extraño donde la literatura es casi como la Biblia y los Baconianos van de puerta en puerta intentando convencer a la gente de que Shakespeare no escribió las obras de Shakespeare. Y no sólo eso, sino que algunos edificios ingleses son de inspiración alemana, de los tiempos de la invasión. Y existen personas con extraños poderes, como su padre, que trabajó en la Cronoguardia y viaja por el tiempo en busca de revisionistas franceses que quieren alterar la historia a su favor.
Un libro extraño, eso seguro, pero encantador. Se lee con mucha facilidad y no hay página sin chascarrillo literario o comentario jocoso sobre temas cultos de los que normalmente la gente no ha oído hablar. Total y absolutamente recomendable. Como siempre en este país donde se dice que se publica muchísimo y que en la Comunidad de Madrid lee el 75% de la gente (más bien miente el 75% de la gente), este libro es el primero de una saga que ha vendido la de Dios. Pero España es así, diferente, muy personal y muy ignorante. El libro ya tiene algunos años y en ingles debe haber cuatro o cinco; los que no somos bilingües tendremos que esperar.